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Archive for 29 diciembre 2009

Frases de Edgar Allan Poe

“Los que sueñan de día son conscientes de muchas que escapan a los que sueñan sólo de noche…”

“Tal vez sea la propia simplicidad del asunto lo que nos conduce al error…”

“En el amor desinteresado de un animal, en el sacrificio de sí mismo, hay algo que llega con frecuencia al corazón del que con frecuencia ha tenido la ocasión de comprobar la amistad mezquina y la frágil fidelidad del Hombre natural…”

“Todo lo que vemos o parecemos es un sueño dentro de un sueño…”

“No tengo fé en la perfección humana. El hombre es ahora más activo, no más feliz, ni más inteligente, de lo que fuera hace 6000 años…”

“En la música es acaso donde el alma se acerca más al gran fin por el que lucha cuando se siente inspirada por el sentimiento poético: la creación de la belleza sobrenatural…”

“La ciencia no nos ha enseñado aún si la locura es o no lo más sublime de la inteligencia…”

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“Hoy soy víctima de la lobreguez del invierno: una melancolía sofocante que, si me vence, me dejará en la cama mirando la piedras grises del techo. Tengo que obligarme a limpiar, comer el pan rancio de mi desayuno e instalarme para escribir. Cuando invoco mis recuerdos de esa primera instancia en París, que están entre los más felices de mi vida, se alza la nube de la tristeza. Me había preparado bien para esa estadía. Estaba cansado de la vida andariega del erudito vagabundo. El tiempo con Berthe me había enseñado el valor de la tranquilidad doméstica. En Tolouse había gastado poco, así que tenía en mi bolsa una modesta suma de dinero, lo suficiente para comprar un caballo, pagar los gastos en el camino y vivir en París mientras buscaba un mecenas. Un colega me había dado cartas de presentación para tres impresores parisinos y para dos profesores de la Sorbonne, donde él había estudiado. En síntesis, estaba en mejor situación de la que había estado en mis vagabuendeos anteriores…”

“… el proyecto que emprendí, escribir un comentario sobre mi pasado, se presentó como un ejercicio de futilidad. ¿Quién leerá estas páginas, una vez que las cenizas de su autor sean esparcidas a los vientos? ¿Quién oirá a medianoche los gritos de un pálido espectro en una plaza vacía? ¿Y dónde estaré yo que seré mandado por decreto fuera de esta vida a otra?. El pensamiento en ese otro mundo era lo que me rebajaba al letargo destructivo. Era seguro que pronto entraría en él. Es una formulación monstruosa, de la que toda creencia reniega,

contra la cual la razón misma se rebela y que el corazón humano repudia con absoluta dureza. Ésa es la espina que tengo atragantada. A un hombre se lo ejecuta por violación o asesinato. ¿Pero por una idea? ¿Algo intangible? Lo que en éste, mi último testamento, quiero decir es que sé quien soy, quién he sido y qué se cree que soy…”

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